Ese día Zeus llegó con un semblante muy
oscuro. El día anterior había habido una reunión de dioses y parecía que no
había resultado nada bueno de la misma. Con cierta aprensión, Era se le acercó…
-Amor mío Jesucr... que diga, Zeus… ¿Qué te ha
sucedido?
-Estoy harto del idiota de Abraxas. ¿Quién
diantres se creé?
-Pues él es el dios de dioses. Así lo han
colocado los humanos, así es entonces.
-Me importa un carajo… siempre está haciendo
sus peticiones sin sentido. Ahora quiere que todos los dioses griegos elijamos
una fruta para identificarnos con ella. ¿A qué te suena esa idiotez?
-Tal vez desea que los humanos nos puedan
identificar con mayor facilidad.
-¡YO SOY DIOS!
-No, ese es Jehova o Jave o sepa cómo le
llamen, tiene tantos nombres como su antagonista el Lucifer… ¿esconderá algo?
-No me hables de ese pervertido, NI YO hubiera
sido capaz de embarazar a mi propia madre de mí mismo.
-Ya tranquilo amor, mira… Efesto te hizo
unos rayos último modelo mientras no estabas… ¿Qué te parece si los lanzas a la
Tierra? Eso siempre te hace ponerte de buen humor.
-¿Rayos? Preguntó Zeus mirando de reojo.
-Si, último modelo. ¡Creo que estos tienen
más electricidad que los anteriores!
-Está bien, pásamelos y de una buena vez
llama a todos los críos.
-Claro.
Era se retiró y regresó después de un rato
con una bolsa llena de rayos resplandecientes y chispeantes. Hermes fue enviado
a avisarles a todos los dioses de la reunión.
Un tiempo después de que la Tierra sufriera
una tormenta eléctrica, todos los dioses griegos estaban bien acomodados en
la cima del monte Olimpo, esperando a que Zeus hablara.
-Abraxas ha dado una orden...
Los reclamos no
se hicieron esperar y truenos, chispas, mutaciones, monstruos y demás llovieron por todos
lados.
-¡Calma, calma! Gritó Zeus y el cielo sobre
Atenas se ennegreció.
-¡¿Por qué hemos de hacerle caso?! Gritó
Poseidón tan fuerte que su grito derribó ocho barcos en una bahía del mundo terrenal.
-¡Siempre está pidiendo idioteces! Agregó
Hades y las torturas en el Hades, valga la redundancia, se intensificaron y la corriente de los
muertos aceleró.
-¡Cállense hermanos! Sentenció Zeus con
fuerza golpeando la mesa tras la cual estaba y en la Tierra, hubo un terremoto.
Todos los dioses se miraron los unos a los
otros menos Narciso, que siguió viéndose en su espejo.
-Abraxas pide que todos los dioses griegos
elijamos una fruta y que la hagamos nuestra responsabilidad.
-¡Eso es responsabilidad de Artemisa! Gritó
Ares mientras se tronaba los nudillos bastante molesto.
-Ya no lo será. Desde ahora cada uno será
responsable de una fruta y deberá encargarse de su fertilidad en nuestra
respectiva zona.
-¡¿También los demás dioses han sido
encargados con eso?! Preguntó Dionisio, angustiado al saber que las uvas no
serían responsabilidad suya en todo el mundo.
-Así es. Ra, Osiris, Anubis, Set y todo ellos se encargarán de
África…
-¡En África solo crece el hambre! ¡¿De qué
se encargarán todos esos mutantes de rostros animales?! Interrumpió Afrodita
aunque Zeus no le hizo caso alguno.
-…Huitzilopoztli, Tlaloc y compañía se encargarán de América junto a los dioses incas; Odín, Thor y ellos de Europa del norte; Shiva y compañía se encargarán de
Asia. Ya saben que nuestra zona es Europa del sur.
Nuevamente un estallido de molestia se
presentó en todos los ardidos dioses griegos que estaban ámpliamente molestos
por la disminución de su zona de influencia en los siglos pasados. Habían
soportado eso... que les cambiaran el nombre... ¿y ahora también debían soportar
esto? La burocracia es un poder mayor al de todos los dioses juntos, y a
ninguno, estúpidamente, se le había ocurrido aún adjudicárselo.
Apolo se aproximó, siempre tan pretencioso y
lame botas, preguntó.
-Mi señor todopoderoso, magno amo de…
-¿¡Qué diantres quieres!?
-Ejem… quisiera elegir, si no le molesta.
-No. Elegirás cuando te toque tu turno. Yo
elegiré primero. Formense por orden de importancia…
Y en ese instante, todos los dioses griegos
iniciaron una tonta batalla campal por ir primero y los ojos de Zeus casi se pierden sus órbitas.
-…más bien, irán eligiendo conforme yo les
diga que lo hagan. Yo elegiré primero. Elijo el plátano. Me gusta la forma
fálica que… que diga, forma de rayo que posee. Era, elige tú ahora.
La primera dama de las diosas griegas dio un
pasó al frente y eligió.
-Yo elijo la naranja.
Entonces fueron eligiendo poco a poco.
Poseidón eligió las piñas pues le gustaban mucho las piñas coladas; Hades
eligió los duraznos pues, aunque la apariencia dijera lo contrario, el es muy
dulce realmente y le encantaba el almíbar.
Dionisio se quedó con sus uvas; Hermes se
quedó con las guayabas; Apolo por fin pudo elegir y nadie le había ganado los
limones. Afrodita y Efesto querían elegir frutas que crecieran juntas pero no
hallaron ninguna realmente y ella se quedó con los mangos y el feíto conservó las
peras.
Atena, diosa de la sabiduría, no supo decir
si los jitomates eran frutas o verduras pero de todas formas se los quedó.
Ares, poderoso dios de la guerra, eligió los kiwis porque le gustaba la música
tropical.
Y entonces Artemisa eligió la manzana. Le
agradaba esa fruta por su sabor y forma, aunque le molestaba que fuera la
dichosa fruta del árbol prohibido del pervertido ese. Además, le agradaba poder
colorearla de rojo, amarillo o verde y hacerse ensaladas de la misma.
Con el tiempo, las demás mitologías se
hartaron de tener que andar cuidando sus respectivos frutos en sus respectivas
zonas y en una junta underground, se las endilgaron todas a los dioses griegos.
El día que Zeus anunció eso mismo en el
Olimpo, fue un mal día para la ciudad de Atenas pues todos los dioses ya estaban molestos de
tener que acoplarse a los tiempos de cultivo y las protestas no se hicieron
esperar.
Más ese día, Artemisa estaba muy contenta y decidió
celebrar haciendo de su fruto algo más especial. Tomó entonces una manzana y la
colocó en su entrepierna. Con unos cuantos pases mágicos en el aire y en su
divino clítoris, le imprimió sus propios jugos al fruto.
Ahora ve, cómete una manzana y piensa en su
sabor.

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