27 dic 2013

For Gaia


Ha estado vigilando toda la noche sin siquiera parpadear.

Un sonido a sus espaldas le hace entornar sus orejas y su olfato le dice que no hay problema alguno. Su turno ha terminado y su reemplazo ha llegado. Se levanta de su posición y se voltea. Ambos, centinela y reemplazo, asienten con la cabeza e intercambian lugares. Ahora puede descansar pues ha cumplido con su obligación.

Sin prisa alguna, se interna en el bosque hacia donde le espera comida recién cazada. Tal vez sean conejos… o podría ser un ciervo. Siempre ha preferido a estos últimos. Su carne es más tierna.

Llega donde los demás se encuentran. Los encuentra estirando las patas, señal de que apenas se están levantando. La noche anterior no hubo ninguna novedad y por ello, todos pudieron dormir tranquilos.

Entonces uno de los miembros se le acercó. Era el alfa, el líder. Le felicitó por su buen trabajo y su voluntad. Era la primera vez que hacía las funciones de guardia nocturno y esa felicitación le retribuye un poco de honor ante sus compañeros y ante los espíritus.

Agradece la felicitación inclinando la cabeza y el alfa le otorga permiso para alimentarse y descansar. Hay ciervo para desayunar… no podría ser más perfecto.

Con gusto, encaja los colmillos en su comida y desgarra la carne para devorarla. Poco tiempo antes, cuando aún era un humano cualquiera, hubiera tenido que cocer la carne para ingerirla, ahora se puede dar el gusto de saborearla al natural, como su instinto se lo pide.

Algunos miembros del grupo pasan por enfrente y el, detiene su alimentación para saludarles con respeto. El es el miembro más nuevo de todos y por ello, debe ganarse el respeto de sus superiores, debe ir escalando posiciones poco a poco.

Cuando se ha alimentado como es debido, se dirige a la cueva del grupo y se echa en el suelo. Ahora podrá descansar.

Algunas horas después despierta. El sueño fue reconfortante y se siente revitalizado. Estira todo el cuerpo y mueve la cola con alegría y repentinamente… un olor conocido llega a su nariz. Eso era sangre. Algo ha pasado así que sale de la cueva con rapidez y lo observa.

Uno de los ancianos, en la forma de batalla, es ayudado a caminar por sus compañeros. En su pecho se extiende una cortada de lado a lado que derrama cantidades ingentes de líquido vital. Aquella herida fue hecha por medios místicos o su capacidad regenerativa ya la habría sanado.

¡Pero regresó! ¡Había elegido esa misión porque era una misión suicida y aún así… había salido victorioso! La gloría que recibiría por esa acción sería colosal y nadie podría dudar que también aumentaría sus dotes de sabiduría pues no solo se requiere una resistencia y fuerza superiores para salir de Erebus, también se necesita mucha creatividad e imaginación.

La sorpresa es increíble en toda la manada. Algunas noches atrás se había celebrado un consejo para conmemorar su decisión. La Letanía así lo marca y el anciano la había respetado. No permitirás que tu pueblo te atienda en la enfermedad y el mismo, consciente de que sus años en el mundo físico eran escasos, decidió aceptar la misión suicida. Una despedida que sería recordada durante siglos… un retorno que se celebrará durante milenios.

Los Theurge de la manada acuden en tropel a ayudarle, desean sanar las heridas pero es inútil. Ningún don podrá con aquella herida.

Mientras tanto, decenas de caminantes silenciosos empiezan a llegar al lugar. La noticia se había esparcido. ¡Un hombre lobo en solitario logró derrotar al Come-Tormentas! Tal vez la tercera o cuarta perdición más poderosa del Wyrm.

Lo llevan a la cueva y el joven, paralizado por la escena, apenas puede hacerse a un lado y observar los ojos de aquel anciano al pasar.

Durante la tarde, mientras el anciano reposa en la cueva y sus últimos minutos pasan lentamente, la manada es visitada por decenas de extranjeros. Cientos de Theurges llegan en puentes lunares uno tras otro a tratar de curar a la leyenda y repentinamente, un contingente de Asia acude al lugar y en él, llegan Rokeas, Contemplaestrellas, Ananasis, y decenas de Feras más. La noticia es tan importante que ha trascendido a la nación Garou y todo aquel ser vivo que lucha contra el Wyrm cada día, siente el compromiso de honrar esa victoria.

La noche de acerca y será celebrado un Consejo especial. Los puentes lunares aparecen y los más grandes jerarcas de cada tribu Garou aparecen en la escena seguidos de decenas de guardaespaldas.

La primera vez que el Come-Tormentas fue vencido, le había costado a la nación Garou una tribu entera. Que Selene haya guiado hacia la paz de Gaia a los Croatanos. Hoy, un solo Garou había logrado vencerlo a la mitad de Erebus.

El consejo está por celebrarse y más de diez mil Garous están reunidos en espera de la leyenda que nunca aparece… ha muerto.

La noticia provoca un aullido comunal que se eleva hacia el cielo provocando escalofríos a más de diez kilómetros de distancia. Selene empieza a ocultarse tras las nubes pues la sangre de aquel anciano la teñirá por completo esa noche y nadie deberá ver sus lágrimas.

13 dic 2013

El Loquillo



Todos en el pueblo recuerdan aquella ocasión cuando el “loquillo” se ganó su apodo. Los primeros en escucharle fueron el Alcalde Rodríguez y el Sr. Jiménez, el dueño de la Hacienda Potro Alegre. Ambos estaban en la cantina de Don Rodolfo tomándose unos tequilas cuando el loquillo entró corriendo al lugar asustado y gritando. Decía haber escuchado voces en el bosque, cerca del sendero.

“El Sendero”, como le habían apodado los imaginativos pobladores de Coxolapán, es un camino no muy angosto de dos líneas de tierra que cruza el bosque de lado a lado y que, en tiempos de lluvia, la neblina lo cubre completamente.

Aquel día, el loquillo contó decenas de veces lo que le había pasado. Dijo que estaba acechando un venado y que al hacerlo, se adentró en el bosque y se alejó del sendero hasta perderse, caminó hacia atrás sus propios pasos y cuando alcanzó a ver de nuevo el sendero, escuchó voces que provenían del mismo bosque. “Espíritus del bosque” los llamaba él.

Muchos dicen que inventó esa extraña locura para justificar el hecho de que el venado se le haya escapado y que su esposa no lo medio matara, pues todos saben bien que el loquillo es medio mandilón, otros afirman haberlo visto en la cantina la noche anterior tomándose un pulque y que la historia habría surgido de un mal viaje, pues todos saben también que el loquillo es mala copa.

Sea lo que haya sido, nadie en todo el pintoresco pueblito puede negar que exista algo especial en su bosque. Los ancianos cuentan que hace mucho tiempo, cuando Coxolapán fue fundado, hubo muchas iniciativas diferentes para deforestarlo pero que los pobladores se negaron rotundamente a ello. Dicen que por eso el bosque se siente en deuda con los habitantes y que nunca les hará daño.

Cuando los adultos lo piensan, admiten que nunca han escuchado que alguien se pierda, que sufra un accidente o sea atacado por algún animal salvaje en aquel bosque. Lo más románticos afirman que al entrar al bosque empiezan a sentirse felices, alegres y joviales, como si toda la energía les fuera transmitida por las hojas de los árboles en su vaivén o la neblina que algunos afirman que no provoca frío.

Pero cuando recuerdan al loquillo y sus historias todos se ríen y brindan por aquella ocurrencia.

Han pasado ya más de cinco años desde aquel día y, aunque los niños gustan en soñar con los espíritus del bosque y los adolescentes hacen cursis promesas en su nombre, nadie creé en ellos en verdad.

Hoy, una vez más, todos giran la cabeza y ven al loquillo. Desde hace mucho tiempo sigue la misma rutina. Toma un pedazo de roble, se dirige al bosque para tallarlo y regresa con una nueva estatuilla de madera. Lo ven y algunos se ríen disimuladamente, otros cuantos no son tan discretos y le gritan burlas. A él ya no le importa.

Entra al bosque por el Sendero y se desvía a su derecha justo por donde salió corriendo aquella vez. Se sienta en el suelo en el sitio exacto donde aquellas voces le llamaron y les pide que vuelvan a hacerlo, se disculpa por su miedo, por su mente de cuadradito y espera ansioso una voz.


Una vez más, la voz no llega. Se hace tarde y el loquillo se levanta. Se inclina con devoción, deja el pedazo de madera y recoge una estatuilla… tallada por los espíritus del bosque.