21 mar 2014

Jugo de Manzana


   Ese día Zeus llegó con un semblante muy oscuro. El día anterior había habido una reunión de dioses y parecía que no había resultado nada bueno de la misma. Con cierta aprensión, Era se le acercó…

   -Amor mío Jesucr... que diga, Zeus… ¿Qué te ha sucedido?

   -Estoy harto del idiota de Abraxas. ¿Quién diantres se creé?

   -Pues él es el dios de dioses. Así lo han colocado los humanos, así es entonces.

   -Me importa un carajo… siempre está haciendo sus peticiones sin sentido. Ahora quiere que todos los dioses griegos elijamos una fruta para identificarnos con ella. ¿A qué te suena esa idiotez?

   -Tal vez desea que los humanos nos puedan identificar con mayor facilidad.

   -¡YO SOY DIOS!

   -No, ese es Jehova o Jave o sepa cómo le llamen, tiene tantos nombres como su antagonista el Lucifer… ¿esconderá algo?

   -No me hables de ese pervertido, NI YO hubiera sido capaz de embarazar a mi propia madre de mí mismo.

   -Ya tranquilo amor, mira… Efesto te hizo unos rayos último modelo mientras no estabas… ¿Qué te parece si los lanzas a la Tierra? Eso siempre te hace ponerte de buen humor.

   -¿Rayos? Preguntó Zeus mirando de reojo.

   -Si, último modelo. ¡Creo que estos tienen más electricidad que los anteriores!

   -Está bien, pásamelos y de una buena vez llama a todos los críos.

   -Claro.

   Era se retiró y regresó después de un rato con una bolsa llena de rayos resplandecientes y chispeantes. Hermes fue enviado a avisarles a todos los dioses de la reunión.

   Un tiempo después de que la Tierra sufriera una tormenta eléctrica, todos los dioses griegos estaban bien acomodados en la cima del monte Olimpo, esperando a que Zeus hablara.

   -Abraxas ha dado una orden...

   Los reclamos no se hicieron esperar y truenos, chispas, mutaciones, monstruos y demás llovieron por todos lados.

   -¡Calma, calma! Gritó Zeus y el cielo sobre Atenas se ennegreció.

   -¡¿Por qué hemos de hacerle caso?! Gritó Poseidón tan fuerte que su grito derribó ocho barcos en una bahía del mundo terrenal.

   -¡Siempre está pidiendo idioteces! Agregó Hades y las torturas en el Hades, valga la redundancia, se intensificaron y la corriente de los muertos aceleró.

   -¡Cállense hermanos! Sentenció Zeus con fuerza golpeando la mesa tras la cual estaba y en la Tierra, hubo un terremoto.

   Todos los dioses se miraron los unos a los otros menos Narciso, que siguió viéndose en su espejo.

   -Abraxas pide que todos los dioses griegos elijamos una fruta y que la hagamos nuestra responsabilidad.

   -¡Eso es responsabilidad de Artemisa! Gritó Ares mientras se tronaba los nudillos bastante molesto.

   -Ya no lo será. Desde ahora cada uno será responsable de una fruta y deberá encargarse de su fertilidad en nuestra respectiva zona.

   -¡¿También los demás dioses han sido encargados con eso?! Preguntó Dionisio, angustiado al saber que las uvas no serían responsabilidad suya en todo el mundo.

   -Así es. Ra, Osiris, Anubis, Set y todo ellos se encargarán de África…

   -¡En África solo crece el hambre! ¡¿De qué se encargarán todos esos mutantes de rostros animales?! Interrumpió Afrodita aunque Zeus no le hizo caso alguno.

   -…Huitzilopoztli, Tlaloc y compañía se encargarán de América junto a los dioses incas; Odín, Thor y ellos de Europa del norte; Shiva y compañía se encargarán de Asia. Ya saben que nuestra zona es Europa del sur.

   Nuevamente un estallido de molestia se presentó en todos los ardidos dioses griegos que estaban ámpliamente molestos por la disminución de su zona de influencia en los siglos pasados. Habían soportado eso... que les cambiaran el nombre... ¿y ahora también debían soportar esto? La burocracia es un poder mayor al de todos los dioses juntos, y a ninguno, estúpidamente, se le había ocurrido aún adjudicárselo.

   Apolo se aproximó, siempre tan pretencioso y lame botas, preguntó.

   -Mi señor todopoderoso, magno amo de…

   -¿¡Qué diantres quieres!?

   -Ejem… quisiera elegir, si no le molesta.

   -No. Elegirás cuando te toque tu turno. Yo elegiré primero. Formense por orden de importancia…

   Y en ese instante, todos los dioses griegos iniciaron una tonta batalla campal por ir primero y los ojos de Zeus casi se pierden sus órbitas.

   -…más bien, irán eligiendo conforme yo les diga que lo hagan. Yo elegiré primero. Elijo el plátano. Me gusta la forma fálica que… que diga, forma de rayo que posee. Era, elige tú ahora.

   La primera dama de las diosas griegas dio un pasó al frente y eligió.

   -Yo elijo la naranja.

   Entonces fueron eligiendo poco a poco. Poseidón eligió las piñas pues le gustaban mucho las piñas coladas; Hades eligió los duraznos pues, aunque la apariencia dijera lo contrario, el es muy dulce realmente y le encantaba el almíbar.

   Dionisio se quedó con sus uvas; Hermes se quedó con las guayabas; Apolo por fin pudo elegir y nadie le había ganado los limones. Afrodita y Efesto querían elegir frutas que crecieran juntas pero no hallaron ninguna realmente y ella se quedó con los mangos y el feíto conservó las peras.

   Atena, diosa de la sabiduría, no supo decir si los jitomates eran frutas o verduras pero de todas formas se los quedó. Ares, poderoso dios de la guerra, eligió los kiwis porque le gustaba la música tropical.

   Y entonces Artemisa eligió la manzana. Le agradaba esa fruta por su sabor y forma, aunque le molestaba que fuera la dichosa fruta del árbol prohibido del pervertido ese. Además, le agradaba poder colorearla de rojo, amarillo o verde y hacerse ensaladas de la misma.

   Con el tiempo, las demás mitologías se hartaron de tener que andar cuidando sus respectivos frutos en sus respectivas zonas y en una junta underground, se las endilgaron todas a los dioses griegos.

   El día que Zeus anunció eso mismo en el Olimpo, fue un mal día para la ciudad de Atenas pues todos los dioses ya estaban molestos de tener que acoplarse a los tiempos de cultivo y las protestas no se hicieron esperar.

   Más ese día, Artemisa estaba muy contenta y decidió celebrar haciendo de su fruto algo más especial. Tomó entonces una manzana y la colocó en su entrepierna. Con unos cuantos pases mágicos en el aire y en su divino clítoris, le imprimió sus propios jugos al fruto.


   Ahora ve, cómete una manzana y piensa en su sabor.

7 mar 2014

BDSM


La habitación está oscura y no escucho ruido alguno. Solo siento mi corazón confundido… ¿por qué? ¡¿Por qué?!

¿Qué tanto estoy cediendo? ¿Mi cuerpo? ¿Mi vida…? No… y si. Simplemente lo estoy cediendo todo pues en el momento en que las cuerdas se tensaron en mi cuerpo, ya no tuve opciones. Pero… ¡¿por qué?!

Me gusta. Me encanta y me enloquece… la incertidumbre, la sorpresa, el miedo... estoy temblando y la oscuridad que me rodea no me permite pensar en algo fuera de mi misma. Siento mi cuerpo que reacciona como leona enjaulada… se prepara de toda forma imaginable pues lo he cedido todo.

Escucho unos pasos afuera y me imagino que tendrá preparado… con que regresará.

Mi piel… siento el roce de las cuerdas… ¿he de esperar una caricia o un latigazo? ¿He de esperar ambos en rápida sucesión? Un escalofrió recorre mi espalda.

Hace mucho que me deje de preguntar el porqué… ya solo me importa el para qué. Esta sensación y las que han de llegar cuando la luz se encienda e inicie una nueva sesión.

El dolor… es tan hermoso. Es precioso. Me castigo una y otra vez con él y me reafirmo una y otra vez con él.

Y entonces… al estar sufriendo el goteo de la cera en mi piel, los latigazos en mi espalda ó cualquier inmerecido castigo… doy las gracias, humillándome aún más. ¡¿Por qué?!

Pocas personas lo saben… y comparten su opinión… “Estás loca”. Y solo atino a pensar que no deseo un bombeo rutinario… no quiero flores ni caricias… quiero golpes y latigazos, quiero mordidas y quiero cicatrices. Quiero a mi amo para echarle la culpa de todos mis demonios, para coronarlo y maldecirlo. Agradecerle por cumplir su papel.

Sufro… duele realmente… y me encanta, me excita y las cuerdas en mi pubis me rozan… no tengo ni la mínima libertad para complacerme pues le he cedido todo… mis momentos y mis tiempos… mi deseos y mis voluntades… mis pasiones. Y sigo en ascenso….

Y un pequeño roce más… y exploto.

Esta sensación… este contraste. Me retuerzo de dolor y al siguiente instante me retuerzo de placer. Esta diferencia… esta amalgama que revuelve mi corazón. Estoy en el abismo y al siguiente instante respiro el impío aire del cielo. Soy esclava de esta sugestión casi hipnótica.

Siempre es así…

Y la oscuridad continúa rodeándome… el miedo aumenta y las cuerdas en mi entrepierna se mojan. Tiemblo ahora y viviré temblando.

Nunca he pedido misericordia… solo pido más. Continúa, sigue así… quiero el dolor. Pégame, castígame… hazme sufrir. Si me desmayo, ahógame… si me niego, oblígame. Clava aquí y clava allá… deja tu marca en mí y seguiré siendo tuya.

Humíllame.

Y la luz se enciende y respiro profundo. Un azote… y una cicatriz más. Mi espalda se abre de lado a lado con un fondo escarlata y me retuerzo del dolor.

Uno más y otro… y tensó mis dientes y pido más, lo agradezco y espero la siguiente sorpresa que no llega. La luz se va nuevamente.

Y me pregunto cuánto tendré que esperar para sufrir. Ya lo hago al ser consciente de la espera y una sonrisa se dibuja en mi rostro. Una niñita con una bola de helado que desprecia al caer pero sigue deseando saborear. Soy la niñita y soy el helado.

Deseo la sensación… deseo el sufrimiento y el dolor. Deseo retorcerme en placer cuando la aguja se clave en mi pezón. Así muero en el dolor.


Deseo la pena y la lástima… los insultos y la humillación. Deseo correrme y que el orgasmo recorra mi espalda… que llegue a mi cabeza justo con una cachetada. Así muero en el dolor y renazco en el placer.