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Flores azules del olvido, sangre mágica, veneno de serpiente de los lagos negros, una pizca de azúcar (la venganza debe de ser dulce), y el ingrediente principal: néctar del fruto de la inocencia. Y el pastel en que será servido como engaño estará listo. Una receta infalible para la venganza, el dulce postre de la perdición. Quien beba esa poción será consumido poco a poco por el deseo de posesión, querrá tener todo lo que a su alrededor vea, insaciable, irreversible. Hasta que la desesperación los lleve a la locura, y de la locura a la muerte.
Prepararía la poción, buscaría a la criatura y tomaría su venganza. Una vez que esta hubiera perdido la razón, la desollaría viva. Lentamente la torturaría y se burlaría de ella. Vengaría la muerte de su hija, con sangre, dolor, y con toda la rabia que desde entonces cargaba.
El plan estaba hecho, solo faltaba empezar la cacería. Tenía que ser cuidadosa, precisa.
El día llego, y sigilosa salió de su casa. Se movió entre los árboles, esquivo a las creaturas del día. Flores azules era la primera meta. Pero ellas solo crecían en donde el sol las pudiera cortejar. Tenía que ir, mas allá de la frontera del bosque, acercarse peligrosamente al velo de la muerte.
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Zahara estaba sentada en una rama de árbol un poco mas alta que cualquier criatura, de ese modo nadie la veía, y ella podía observarlo todo. Veía en aquel momento a una ninfa escabullirse de día. No entendía para que, pero lo sospechaba. Los mejores ingredientes para pociones se consiguen a las horas en las que el sol amenaza con su claridad.
Ella lo sabía, ella creaba las mejores pociones, tenía los mejores ingredientes. Pero jamás había tenido que ir a conseguir uno solo ella. Para eso lo tenía a él, a su Elfo. Recordar las caricias de él en su piel le erizaba los vellos del brazo. Hacía mucho tiempo ya que eran amantes.
Todo había surgido de la necesidad de él:
Él tenía una hija, que había enfermado de "virtud", carecía por completo del instinto del pecado, y le gustaba jugar entre los velos etéreos de los mundos alternos, llevando mensajes de paz a las criaturas. Esta peligrosa enfermedad tenia cura, pero era muy difícil, y por supuesto, costosa.
¿Como curar la virtud? Se preguntara el lector.
Pues bien, la solución radica en una poción ancestral que requiere de 7 sacrificios: arrebatar un sueño a un duende, un ayuno de 7 días, el tesoro familiar más preciado, arrancarle cabello a una ninfa, un diente fauno, sacarle un corazón a cualquier ser vivo, y desde luego, pagar una buena cantidad de oro.
El no podía pagar todo los sacrificios, no tenía oro, no tenía el valor de arrancar corazones. Pero debía salvar a su hija, así que hizo un trato con el hada, el seria su fiel sirviente si ella le ayudaba con los sacrificios. Ella accedió, sabiendo de ante mano que el perdería todo. El sueño se lo arrebato a un duende perezoso que no hacía otra cosa que no fuese quejarse, no fue difícil, jamás se levantaba del sitio en el que estaba, por lo que tuvo tiempo de tomar el sueño en una botella. El ayuno fue un poco mas difícil, pero cada que veía el rostro de su hija se convencía de que así debía de ser, no podía dejar que la enfermedad avanzara, ella podría convertirse en un ser de luz...
El tesoro familiar fue fácil de localizar, difícil de destruir, era una antigua medalla de piedra de luna, que solo puede ser destruida por luz solar. Pero finalmente este sacrificio se cumplió. El cabello de la ninfa lo consiguió seduciendo a una con una poción, era arriesgado, pero estaba desesperado. El diente de fauno fue difícil, son demasiado orgullos, Pero finalmente encontró a uno que se lo dio a cambio de algunas gotas de su sangre. Pero del oro se encargo el hada, y del corazón, los 2.
El hada le dio un agua de dormir en vida que había preparado, cuando él estuvo inconsciente tomo un cuchillo y le arranco el corazón. Y en su lugar, para no matarlo, metió una piedra de jade. La piedra del pecado la llamaban, era la esencia original del bosque, la magia prístina que le daba poder a su sangre. Ahora así era él, todo sentimiento bueno se había extinguido de él. Había logrado curar a su hija. Pero ya no sentía nada por ella. Estaba atado a Zahara, y no podría escapar nunca de ella. La obedecería fielmente, hasta el final.


