Aquel día, al despertar, tenía una sensación
extraña. No sabía si lo había imaginado o lo había soñado pero había tenido la
visión de haberlo perdido todo, perder a mis dos ángeles, alejarme de ellas. No era
una incertidumbre sobre el futuro, de alguna forma sentía que yo podría no
estar ahí y eso me provocaba escalofríos.
El
día anterior había tenido un día largo en el trabajo y hoy descansaría. Me
reanimé un poco por ello y fui al baño a mojarme el rostro. Mi reflejo pensaba
exactamente lo mismo que yo… ¿por qué? No lo sabía. Entonces escuché una voz
mientras me rasuraba…
-Amor… ¿estás ahí? ¿Eres tú?- la sorpresa me distrajo un poco y me corté
ligeramente. Salí del baño y volteé hacia la puerta de la alcoba. Ángela, mi
esposa, se encontraba parada en el marco. Entonces asentí.
-Por
supuesto que soy yo, amor.
Ella
se acercó vacilante, levantó sus manos hacia mi rostro y tocó el corte que me
hice sintiendo la sangre.
-No
te preocupes, es superficial…- dije y al ver que ella miraba absorta mi sangre
en sus dedos, pregunté -¿Qué haces?
-Nada…- respondió ella y rápidamente agregó -El desayuno está listo.
Entonces
una voz detrás de ella me abrió los ojos a la belleza, me recordó que si estaba
ahí.
-¡Papi, estás casi desnudo!- gritó mi angelita y rió como diablita.
-¡¿De qué te ríes, eh?!- le dije y corrí tras ella para hacerle
cosquillas, la cargué y ambos nos dejamos caer en la cama riendo. Volteé hacia
la puerta y mi esposa nos veía con cierto recelo.
-Ven
Angelita, debes alimentarte. Te esperamos abajo. No dejes que se enfríe tu
desayuno… ¿ok?
Cuatro años han pasado. Cada que recuerdo el sentimiento con el que
desperté aquel día y observo mi realidad, una dicha sin igual me invade. Mi
esposa y mi hija son una bendición, más aún después del infarto al miocardio que
sufrí hace un mes y al que apenas sobreviví. Vivo en un paraíso porque lo único
que quiero, es conservar lo que tengo y vivirlo.
Aunque
entiendo que no todo ha sido perfecto pues mi esposa ha estado alejada todo
este tiempo, distante y apagada. Al estar juntos siento que ella está en otro
lugar. Inclusive, y no he querido admitirlo por completo, siento que vaciló en
llamar a urgencias cuando tuve el infarto. He tratado de acercarme a ella
varias veces pero siempre me cambia el tema o se retira.
Tal
vez tenga un amante. La he visto recibir y enviar algunos mensajes a
escondidas. Todo eso me duele mucho… pero no presionaré. A fin de cuentas tengo
a mi hija, mi preciosa niña que cada día me sorprende más con su empuje, su
iniciativa, su curiosidad y su alegría por vivir. Ella es lo único que necesito
y nunca dejaré ir esos recuerdos.
Hoy,
Angelita se ha ido a la escuela ya y estoy en la cocina. Mi esposa lava los
platos dándome la espalda. Ayer, entre sueños, sentí algunas caricias de su
parte en mí cabeza. Tal vez aún halla algo y por ello, hago un último esfuerzo.
-Yo…
te he sentido muy alejada y… respeto tu espacio. Solo quiero que sepas que
puedes confiar en mí y que te…
El
sonido del timbre me interrumpe y ella corre a abrir. Escucho que alguien entra
y ella intercambia unas palabras con… ¡esa voz! En ese momento aparece una
copia idéntica a mí por la puerta, está portando un arma y me apunta. Yo me
levantó asustado y retrocedo.
-¿¡Qué es esto!? ¿¡Quién eres tú!?- Grito yo desesperado. Mi esposa
aparece tras él y le toma del brazo con cariño.
-Disculpa
que sea esta la forma, debiste morir hace un mes y mi esposa tomó la decisión
de salvarte por nuestra hija. En fin, mi misión en Venus ha terminado y tú ya
no eres necesario. Gracias por cuidar de mis angelitos en mi ausencia.
Aprieta el gatillo y caigo al suelo. El dolor es enorme y una lágrima recorre
mi mejilla al pensar en su… en mi hija.
-En
verdad era igual a ti y Angelita lo creyó por completo. Ayer tomé la grabación
de sus recuerdos así que podrás ponerte al corriente de todo en cuanto te
conectes al Recordatorio.- le dice ella. Todo fue falso y yo era la mentira.
-Perfecto.- le respondió él y apretó el gatillo una vez más.
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