Como cada tarde, esperaba por ella en la playa, junto al arco que
se elevaba sobre la arena. No es que fuera la única chica de la isla, pero
desde pequeño no había esperado a nadie más. ¿Qué historias conocerían ese día?
¿Qué detalles, que descripciones inimaginables?
El cielo estaba libre y la brisa le acariciaba el rostro y agitaba sus cabellos. Volteaba ocasionalmente al empedrado camino que se alzaba hasta
que apareció de entre las casas, sostenía un par de hojas, de historias que hurtaba
de la biblioteca de su padre, para mostrárselas a él unas horas.
Otro mundo se levantaba de todas aquellas páginas, pero era solo
eran historias. Como fuera, era un excelente pretexto para pasar algunas tardes
con ella.
Sofía era muy astuta y perspicaz, él muy ingenioso y listo,
contaba ya con artefactos de su propia mano, no muy útiles, pero, por algo se
empieza.
-¡Hola Iván!- Dijo con una sonrisa. Él respondió con la mirada
brillante y rubor en sus mejillas.
– Hola Sofi.
– Hola Sofi.
Se sentaron en la arena, contemplando el arco, el mar, envueltos
por el ruido de las olas al chocar. Leían, imaginaban, inventaban, discutían.
Soñaban con otros seres, otros mundos, historias que sabían que de ser reales
serian asombrosas.
Hacía ya cuatro años desde que los Martin arribaron a la isla. Iván
recordaba perfectamente aquel día, en que vio un barco desde su ventana y bajo
a la playa a observar, tenía diez años entonces. No olvidaba el primer vistazo
a esa bella niña que descendió en un
vestido azul, a la que el viento y la brisa despeinaban al caminar.
Sofía.
Sofía.
Había compartido tanto con ella esos años, que paso a ser una parte
muy importante en su vida. Porque mentir, la quería sobremanera y encontraba en
ella tantas cosas que lo hacían soñar más que todas esas historias, era tan
parte de él y él de ella que no pensaban que podría ser de otra manera.
El padre de Sofía, Francisco Martin, era geólogo marino, durante
ese tiempo se había dedicado a su investigación de una forma más teórica. Sin
embargo, se acercaba la fecha en que retomaría esos viajes propios de su profesión,
cosa que ambos chicos ignoraban.
...
...
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