10 ene 2014

Camino


Ambos caminan entre la maleza con las manos entrelazadas. Ambos saben donde desean estar y ninguno sabe cómo llegar. ¿Será acaso que el mundo no ha creado un lugar así? Ruegan por una respuesta afirmativa y temen que sus pasos no constituyan un avance, sino un retroceso.

¿Es sencillo lo que piden? Pudiera ser que su demanda es excesiva y que su entorno no pueda permitirse ese lujo. Más solo ambicionan la pureza y la tranquilidad. Un lugar donde ambos puedan existir el uno para el otro sin prisas.

Sus mentes están repletas de temores… ¿existe ese lugar? De existir… ¿Dónde se encuentra? ¿Han seguido el camino correcto o cada paso los aleja más? ¿Será como lo han deseado? ¿Será tan perfecto?

Un valle, una colina, un monte o una playa. Un desierto, una selva, un oasis ó un bosque. No importa donde esté mientras esté. Aquel lugar que les permitirá existir en su libertad.

Lo han visualizado tantas veces. Que las plantas florezcan al ritmo de sus latidos y el viento sople en la dirección de sus deseos. Que el sol ilumine sus días y los llene de energía. Que la luna llene sus noches de magia y erotismo. Que las frutas de los árboles liberen su néctar y este llene sus bocas de su sabor, de éxtasis. Que vibré en sus voces la palabra que sonríe y que enamora, liberando en una catarsis, las penas y el dolor. Que se deslice por sus dedos el conocimiento de sus cuerpos. Que el sudor sea testigo de toda la pasión de su amor. Que sus lágrimas aparezcan ante las sensaciones de alegría y felicidad mientras la mano de su alma gemela la limpia de sus mejillas. Que la naturaleza sea testigo del cenit de una conexión entre dos seres que alguna vez, en algún mundo metafísico, estuvieron unidos y que ahora han logrado triunfar sobre las inclemencias del tiempo.

¿Es mucho pedir? Saber que el tiempo no se pierde ni se ahorra, simplemente se usa constantemente y cada segundo vale el dolor y el pacer que haya traído consigo. Muestra de la vida que se distribuye en sus cuerpos con cada latido.

Y ambos sienten que no es así.

Porque la pelea más difícil fue encontrarse el uno al otro y hallar esa conexión. Fusionar la objetividad de él con la subjetividad de ella para encontrar en sus almas los fragmentos de una totalidad dada por el respeto, la responsabilidad, el conocimiento y el compromiso; por el amor.

Continúan su camino y llegan al final. El desfiladero se presenta ante ellos amenazante y, decepcionados, dan la vuelta. Algo ha cambiado a su alrededor.

Pues lejos de soslayar la belleza de su unión, la naturaleza ha respondido a la misma a su paso.
Ahora el camino que han seguido rebosa con los colores de cientos de flores y el viento inicia su silbido. El sol ilumina aquel lugar llenándolo de vida. Los frutos resuman gotas de su sabor invitándolos a probar. La saliva llena sus bocas y las palabras se quedan cortas cuando sus manos inician el reconocimiento del territorio amado. No hay dolor, no hay pena, no hay tristeza. Sus bocas se unen lentamente compartiendo su ser mientras sus manos embarran el sudor de sus cuerpos llenando cada centímetro de goce y placer.

Cuando se ama, la búsqueda termina y se obtiene la paz.

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