En este bosque vivo yo, que lo he visto todo. Mi nombre es irrelevante
pues se ha perdido en el tiempo; no puedo recordarlo. Mi voz, sin embargo, ha
prevalecido. Aquí el tiempo es un extraño concepto y las manecillas del reloj
giran de acuerdo a las fantasías y deseos de todos los presentes.
Aquí no había una vez hadas buenas, que volaran alrededor de hermosas
flores; no había una vez duendecillos que hicieran chascarrillos a los
visitantes; no había una vez varitas mágicas, ni prístinos príncipes azules o
hermosas damiselas en desgracia.
Este lugar en verdad es extraño. Los arboles son blancos como la luz de
la luna y lucen esplendorosas magnolias doradas... excepto mas allá de las
montañas donde existen flores que poseen hechizos de olvido aunque no recuerdo
cuales son.
La luz y las sombras bailan al son de los días y las noches con una
peculiar armonía que se diluye en el follaje de los enormes árboles que
susurran al son del viento entre sus hojas. La rutina diaria me ha revelado
muchos de los secretos de este lugar a medida que he observado tantos fenómenos
peculiares.
Yo, aquí sentado en las ramas, viendo desde lo alto como lo he hecho
desde tiempo inmemorial, formando aros de humo con mi pipa. Abajo, un pequeño
jaguar come pasto amarillo, tengo entendido que es más sabroso que el verde,
ajeno al hecho de que es acechado por una ardilla y un conejo.
Todo esto podría estar pasando por que lo imagino, podría estar
imaginándolo porque está pasando. Tengo consciencia y el bosque reacciona a ella.
Esta es la única certeza de Silver Forest. Aquí, la elocuencia
es un arma poderosa y la ausencia de imaginación es peligrosa a medida que el
bosque cambia.
Un pequeño ruido es lo que me hace voltear de un momento al otro. A los
pies del árbol en el que me encuentro, un tercio de extraños observan sus mapas
sin sospechar que estos ya no sirven.
Sea que hayan venido a cazar, a pasar el día o lo que fuera… el bosque
los acecha ya. Al querer salir descubrirán que el bosque se extiende siempre
hasta donde alcanza la vista.
Encienden una fogata y se sientan a su alrededor. Ya han empezado a
cambiar.
Sucede que existen dos tipos de personas. Los muñecos, que solo con
capaces de escuchar historias ansiando sentir la vida a través de ellas; y los
cuenta cuentos, que son los creadores de las fantasías.
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