-Ya se te está haciendo costumbre llegar
tarde.- Comentó Fedor Ellis recalcando aún más su habitual sonrisa de gruesos
labios a Lionel Aram, que recién cruzaba el umbral de las puertas corredizas de
las oficinas mostrando su gafete al oficial de turno.
Con sus cuarenta años de edad, Lionel
destacaba mucho de entre las demás personas por su caminar pesado y el fuerte
tic en el ojo. La parte superior de sus patillas estaba adornada por canas cuya
blancura contrastaba fuertemente con el gris que salía de su cigarrillo cada
que exhalaba, mientras que la línea de su cabello reseco cada día retrocedía más con
respecto de su frente.
Fedor, por el contrario y a pesar de sus
cuarenta y ocho años, se mantenía como todo un modelo de juventud. Cabello
brillante y reluciente que reflejaba la luz casi tanto como sus dientes pulcros
en su eterna sonrisa. De altura superior a Lionel y con un paso decidido, se
aproximó a él mientras este respondía.
-No importa que tanto nos esforcemos, el
tráfico parece ser siempre un problema. Dijo, con un tono de voz apagado.
-Cierto, aunque las nuevas supercomputadoras
prometen maravillas en ese aspecto. Eso dicen los científicos.
-No me fió de los científicos. - Culminó Aram
que continuó su paso hacia el interior importándole poco lo que su jefe agregara.
"Idiota" Pensó una vez que el elevador se había cerrado frente a él. Unos instantes
después, las puertas se abrieron frente a él y observó su lugar de trabajo. Una
pequeña silla ubicada en medio del laboratorio. Unos metros por encima de esta,
un gigantesco aparato del que salían cientos de cables y tubos, se mantenía
apagado en espera de que él tomará su lugar.
Con resignación, Lionel fue y se sentó. Inmediatamente
el sistema se encendió y la figura de Fedor apareció detrás de un cristal junto
a la de un trío de científicos y técnicos.
-Si leíste los calendarios, hoy vamos a trabajar
en la tristeza, espero estés listo.- La voz del idiota se escuchó por el altavoz.
-Empieza de una buena vez.- Respondió.
Un agujero se abrió en la parte inferior del
armatoste y de este salió un casco que fue a posarse sobre la cabeza de Lionel.
Algunos zumbidos y tintineos después, nuevamente se escuchó la voz del idiota.
-Bien, ya estamos listos para grabar,
empieza.
-Al
menos esto será fácil. Pensó Aram y se puso a recordar.
Fue en el año 2026 cuando todo empezó.
Algunos científicos japoneses se ganaron el Premio Nobel de Medicina al lograr un
mapeo general del sistema neurológico y sus relaciones sinápticas. “Qué gran
esfuerzo y un gran logro…” se coreaba mundialmente. Dicho sea de paso, fue el
día que Lionel nació.
Cuatro años después, los mismos agentes
catalogan el cien por ciento de los neurotransmisores y logran sintetizarlos
todos y cada uno de ellos. Ovaciones, tremendas ovaciones… era el sentimiento de
la comunidad científica pero no de un grupo específico de personas que lograron
ver hacia donde podía llevar este camino.
Entonces empezaron las protestas, los
sabotajes, las detenciones, las ideologías, los argumentos… las voces
racionales divergieron como es su natural costumbre y dos grupos surgieron. Los
que estaban en contra… humanistas, se decían ellos; sentimentalistas, les
decían sus contra partes pedían que la investigación sobre la química
neurológica fuera suspendida. Los innovadores, se decían ellos; los
intransigentes, les decían sus contrapartes; pedían que avanzara.
Lamentablemente, personas que ocupaban
puestos específicos y muy altos, también fueron informados de las
posibilidades y su interés se tradujo en dinero, represión, intolerancia y
algunas más de las bellas vicisitudes humanas.
En el año 2038, la investigación se aproximaba
a un punto umbral y las protestas aumentaron exponencialmente. Hubo
manifestaciones, más represión, más intolerancia, más balazos, más manipulación
mediática y todos los que alzaron la voz, fueron silenciados por diversos
medios, incluido el joven Lionel.
En el año 2041, se inició la
producción en masa de los maravillosos Sistemas Emocionales Inteligentes, también
denominados: SEIS.
- Me siento mal.
- Yo también.
- ¡ALTO! ¿Qué no conocen el SEIS?
- ¿SEIS?
- ¡Claro! ¡El SEIS, el novedoso sistema
emocional inteligente!
- ¿Para qué sirve?
- ¡Para no sentirse mal innecesariamente,
compañero! Los agobiantes sentimientos atormentan por su falta de control. ¡Pero
eso es cosa del pasado gracias al SEIS! ¡Solo colócalo en tu muñeca y decide que deseas sentir!
Alegría, felicidad, tristeza, temor, nostalgia
y cientos de emociones más son ahora controlables y manipulables. ¡Ame a quien
quiera amar, quiera a quien quiera querer, odie a quien quiera odiar, siempre
con control para no sentirse mal innecesariamente!
¡Increíble!
¡Así es, compañero! ¡Para no sentirse
mal innecesariamente!
Ahora con un amplio catálogo de sentimientos
y emociones a su disposición y no solo eso…
¿No sabe cómo debe sentirse en alguna
situación? ¿Un innecesario sentimiento de duda o ansiedad lo embarga al no
saber cómo corresponder? ¡Ya no más! ¡Pues ahora con la función de Descripción
y Respuesta su SEIS le dirá como debe sentirse!
¡Mejor… imposible!
¡Para no sentirse mal innecesariamente,
compañero!
¡Jajaja!
¡Adquiéralo ahora en su tienda de confianza!
¡El SEIS viene con tres sentimientos gratuitos!
¡Para no sentirse mal innecesariamente!
Sentimientos extras se venden por separado.
-Lionel es muy bueno en su trabajo, ¿no
creen? - Comentó Fedor a sus compañeros mientras veía las gráficas.
-Bueno… ya que es de los pocos humanos que
siguen sintiendo espontáneamente, pues supongo que sí. - Respondió el que estaba
justo en frente, sentado ante una computadora.
-Me sorprende como puede llamar los
sentimientos a voluntad.- Comentó otro.
-Tenemos el registro de la química
neurológica para la Tristeza, ya hemos terminado.
-Bien, envíen los datos a la fábrica. -Ordenó
Fedor con su sonrisa enorme. -Mira nada más las gráficas… Lionel en verdad sabe
como sentirse mal. - Agregó.
-Debería comprarse un SEIS.
Todos apretaron un botón en sus sistemas
emocionales inteligentes y rieron.
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